
En pleno viaje al pasado, presento en sociedad la primera escultura accidental de la que me sentí contenta y orgullosa, alfareramente hablando: la Manta Raya que acabó viviendo en la madriguera de un Oso y siendo allí muy feliz.

Aprovecho para agradecerle la foto robada con la que ayer quedó inaugurado este escaparate. La estantería de arriba ya no es lo mismo sin ti: Oso, el señor Joan y yo te echamos de menos.
1 comentario:
pues peligrosa no parece, eso sí, bien utilizada, claro.
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