Bueeeno, pues después de una intensa celebración del día de la Pilarica (11 personas en casa, dos mesas alineadas y dispuestas en diagonal para que pudiéramos sentarnos todos, dos manteles alargándose para llegar a punta y punta de la susodicha mesa, olivitas, hummus, quesos, patés, champis
à la moi, salmón sobre lecho de rúcula, fuet, ensalada y dos, ¡dos!, cazuelas de barro de 50cm de pollo rustido con ciruelas y piñones cocinado por El Hombre, Ese Hombre), los días de preparación de festejos han terminado y volvemos a la normalidad.
En mi caso, la normalidad tiene dos asas, cremalleras, bolso grande y bolsillo pequeño. ¿Qué es? En efecto: una mochila.

Yo que creía superada ya la etapa de la carpeta y el bollicao o los donuts, me tengo que ver ahora (entre clases, traducciones y máster) cargando arriba y abajo otra vez mi mochi llena de apuntes y libros.
Conclusión:
¡He rejuvenecido!
¿Y vosotras? ¿Hicisteis puente?
1 comentario:
Esta conclusión está llena de optimismo, je,je...
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