Los metí todos en una caja --atención, señor Birlón, la próxima vez no me deje toda la casa hecha un desbarajuste: estará todo dentro de UNA sola caja, ya la marcaré convenientemente-- con la intención de hacer limpieza y tirar muuuuuuchas cosas (léase pendientes sin cierre, pendientes desparejados, cadenas rotas...).
Total, que al final el otro día decidí hacer limpieza de baratijas. Me agencié un bote de aladín, cogí un pegote de algodón rosa impregnado en aroma a pegamento imedio y... a flipar!
Descubrí que tengo mucha más chatarrilla bonita de lo que pensaba. Vamos, que he rescatado del corredor de la muerte un par de colgantes y anillos que tienen su historia. Y ahora estoy en plan abuela cebolleta, recordando batallitas cada vez que me pongo alguno.
Por cierto. Hace un par de semanas me encontré un pendiente tirado en la calle. Encontrarme un pendiente solo es algo que me da una pena enorme, como cuando veo un zapato abandonado en una acera. Me entra una desazón difícil de explicar. ¡Cómo puede nadie perder un solo zapato y seguir andando con el otro tan pancho, como si nada! Mundo, no te entiendo.
Total. Que lo recogí. Y ahora, después de la reconversión de rigor, el pendiente tiene una nueva vida y yo tengo un hermoso nuevo colgante:
FIN.

3 comentarios:
Ooooooh, oooooh, oooooh. ¿Ves, mujer? no hay mal que por bien no venga. Si el pobre y honrado ladrón no hubiera montado la de Dios es Risto, ahora mismo no tendrías todos esos tesoros localizaos, ordenaos y limpitos. Doy fe que muchos son preciosos, el ovalado negro mola mogollón, aunque a las esposas esas no acabo de verles la utilidad... como accesorio presumiril.
Btw, el colgante luce mucho más como colgante, yo creo que estará muy satisfecho con el giro que ha tomado su vida.
Ahora también reciclas joyas?? Qué apañada!!
Yo también creo que mucho mejor de colgante que como pendiente!
¡Apañaísima! Es lo que toca en estos tiempos. ¡Qué alegría verte por aquí!
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