
Trastear estos días con el móvil me ha hecho recordar la parte buena de trabajar con barro y cerámica. Qué curioso que después de cuatro años de cursos, clases y experimentos, lo que más me guste de todo lo que probé sea esto, los móviles. Una de las cosas que requieren menos técnica pero que dan más alas a la imaginación. De lo más gratificante que hice en esos cuatro años, la verdad.
Aquí tenéis también el que acabó en casa de ese Hombre Que Me Alegra Los Días, con un detalle de las piezas:
¡Ah! ¡Y tampoco se me olvida ese otro movilete floral que está en Tarragona, muy bien acompañado!

1 comentario:
Fuá, sin palabras. Eres una artistaza. Del copón. Qué envidia. Pero si se lo reparaste, ¿dónde cociste las piezas? ¿O es de esa arcilla que puedes meter en el horno de tu casa? Además, ¿qué requisitos hay que reunir para que a una le hagan un móvil?
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