
Tengo esta violeta africana desde hace casi cuatro años.
Fue regalo de mi tía Tere, que siempre siempre nos trae a todas una planta en flor en la celebración del día de las Pilares de la familia --mi madre y mi abuela, para más señas, aunque supongo que eso ya lo sabéis, queridas y fieles cinco lectoras mías--, que desde hace unos cuatro añitos tiene lugar tradicionalmente en mi casa.
Y aunque se veía que a la violeta el pequeño invernadero solario donde la tengo --aka el recibidor-- le gustaba y la tenía contenta, ni una sola vez había florecido.
NI UNA SOLA VEZ, repito.

1 comentario:
Ooooooooooooooooh, me imagino la emosión, me la imagino. ¡Qué potita! Las cosas buenas se hacen esperar, mujer, que se lo digan sino a Pin y Pon (¡já!, ¿creías que no iba a encontrar la excusa perfecta para hablar de mis hijas, aunque sea metiéndolo con calzador?).
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