Con lluvia, con sol o de noche, la iglesia de Pablo y Pedro (Picasso y Almodóvar, digo yo), repicaba sus campanas cada cuarto de hora, y tres veces al día llamaba a misa con un cuarto de hora ininterrumpido de carrillón.
No, no me volví tarumba, aunque poco me faltó.
La verdad es que viendo ahora las fotos parece un sitio lúgure, pero no lo era en absoluto. De hecho, era mi vista preferida de todas las que tenía desde mi cuarto. Muy apropiada, además, para los pasajes más gore de mi traducción.
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2 comentarios:
Jodó, Mane, tan lista para tantas cosas y tan ... para otras. Las fotos, preciosas. Pero lo de la iglesia y el nombrecito... Pablo y Pedro PICAPIEDRA!
¡Juá, Picapiedra! ¡Es verdad! Oyes, que sí, que muy bonitas las vistas y tal. Pero vamos a lo que importa, ¿les sacaste fotos a los frikis? ¿Intercambiaste cromos con ellos? ¿Por la noche jugábaisa contaros historias de terror alrededor de una hoguera? ¿No? ¿Pero qué tipo de campamento de verano era ése?
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